La Canción Extraña de Amante Eledín. Por Jesús Cruz Flores. La ciudad es un lugar que nos atrapa, nos seduce y nos devora. La ciudad se transita entre el cambio de semáforos con la esperanza a la espalda y el obligado detenerse a meditar sobre la vida montada en un micro. Entre universos. Así es la vida. La extraña enfermedad, la impredecible. La que viaja en el autobús de la coexistencia cuyo paso acelerado nos habla de unas ansías inmensas de engullir al asfalto. De yantarse una avenida principal. Tan solo una. Una sola cuyo nombre pudiera ser cualquiera. Guadalajara, México, Valparaíso y/o Santiago de Chile. El del ayer o el del ahora; la doble vía. El ying y el yang pugnando por la no disolvencia en esa nuestra cotidianidad rebosante de amnesia crónica. La ciudad es el rugido monstruoso de los automotores, pero también es el silencio momentáneo conformador de la melodía sincopada, del ritmo citadino con sabor a smog. Por eso La Canción Extraña debe nacer de una premisa existencial humanística. Por eso el poeta la dibuja en pentagramas literarios para, entre líneas, desdibujarla en una publicación no alienada* Todo ello para mostrar los senos de mujer frondosa. Por eso la urbe muestra las ubres como el acto de amor filial más ennoblecido por nuestras sociedades. El amamantar a la esperanza de un pueblo con la savia emanada de la madre tierra. El subsistir de las ideas, el pervivir y el coexistir muy a pesar de la vorágine del poder. Latinoamérica entera. Lo regional en la obra de Amante Eledín Parraguez le da la universalidad tan requerida para la trascendencia en un más allá de nuestros siglos. Tal cual a nuestro compatriota Juan Rulfo lo engrandeció su Pedro Páramo y El llano en llamas. Tan regionales como el sur de Jalisco en el país hermano. El México Profundo con Tierra de Volcanes. * Eledín, Parraguez Amante. “La canción extraña”. Ediciones del Gallo. Santiago de Chile. 1999. 62 páginas Jesús Cruz Flores. Guadalajara, Jalisco.México. (Texto escrito tras la presentación del libro en la Feria Internacional del libro en 1999) El morir del puro hábito*. (Bosquejo de un análisis Comparativo) Por: Jesús Cruz Flores. "Sólo - jabón a mano - la ducha renueva día con día las arañas del recuerdo, el oficio de caminar las calles, el piano dormido. La ducha solo." (José Ruiz Mercado) Suena la melodía en el piano negro donde se toca el blues del recuerdo anhelante de libertad. Suenan los metales. Se arañean las cuerdas del instrumento acariciado con la botella del vino rojo ya sin vid. Se acarician con vehemencia el alambre y el cristal. Ya se han complementado los cuerpos para bailar con la ritmicidad del percutido de los perdidos en la noche azabache de la geometría de la luz. La exactitud no perdona a ninguno de los todos. Los afros. Los esclavos. Los negros. Los oficiales y/o los blanquitos con negritud en su conciencia colectiva. Por eso suena la sincopa entre los libros remembrantes de la vida y de la muerte. La música siempre trastoca. La armonía siempre seduce. Ya se acopla el ritmo con el acompañamiento. Ya la vida y la muerte danzan en el cuarto final de las horas y se apoderan del espacio; del papel bonds, de las grafías, de los ríos de tinta, de las páginas de un diario vuelto poemas. Tan solo para Morir del puro hábito con un sinfín de dualidades encontradas. Aquí Sigmud Freud se asoma a la ventana con su fantasma predilecto: el deseo sublimado, el archivado, el estereotipado, el fetichado o el amarrado a la carne. Sin más definición. La carne. "Ser frágil dividida entre buenos y malos ni tan santa ni tan puta Y ya no digo más. " Aquí la precautoría tiene la validez de no develar al misterio para no romper con el esquema impuesto, y sin embargo, el doble vínculo se manifiesta en el discurso. "Tu ya conoces el fardo de aire y de piel que te contiene." La gente parte y la esencia queda ¿Por qué te niega tanto la etiqueta impuesta sobre la diestra o la siniestra? "Sabes Será siempre este y ningún otro." ¿Porqué quedarse en los extremos para caer en lo contrario y así olvidarse de aquel centro en un constante movimiento? Mi compatriota José Ruiz Mercado diría en su Calle Luna** que "La femina bípeda es un hoyo al universo". El poeta andaluz Joaquín Sabina contestaría en sus versos a manera de canción; Opino cual Sade, que al deseo los frenos le sientan fatal nunca entiendo el móvil del crimen, a menos que sea pasional (...) "y de las dos majas de Goya prefiero la misma que tú" y en enmedio de las dos propuestas confluentes. La pluma fuente de la autora chilena Marisol Wexman apuntaría con la misma contundencia y sencilles del oficio: "Te ha sido ofrecido en la carne en el gozo así de simple son los escondites de aquí abajo." El Eros y el Tanatos cohabitan en las plumas y saltan al menor movimiento de la batuta en cuatro tiempos para remarcar al deseo como un elemento pulsional en la cosmovisión humana, de ahí la necesidad del ritmo, del eterno circulo que se desplaza por la autopista hacia la nada o hacia el todo. Aquí las recurrencias afirman que la conflictiva-esencia del ser hispanoamericano radica en la posibilidad de su confrontación con lo prohibido en un espacio donde la música conlleva a buscar una "señal de libertad para un cautivo"(J.R.M.) Necesidad concretizada en la abstración objetivada del deseo vuelto carne, la diosa sensualidad, la negada o reafirmada cual paradigma pulsional. La siempre erogena de pecata minuta o de afiliación putana en el paramo de un país, de una ciudad, de un barrio o de una habitación que se recorre noche a noche. Día con día. Palmo a palmo como quien besa a una mujer desnuda. Una femina reflejada en la poética de tres propuestas que parten de tres puntos consustanciales en uno. El deseo. *Weiman, Marisol. Morir del Puro Hábito. Chile **Leñero, Vicente. Antologia: Ciclo Letra en Escena dramaturgia Jalisciense. Colección. Letras Literarias. Guadalajara, Jalisco. México. 1999. Págs.