Los Hijos del Quinto Feudo De: Jesús Cruz Flores. Es una obra escrita con el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las artes del Estado de Jalisco en el programa Jóvenes Creadores . Emisión 1998. PERSONAJES Xóchitl Fernán Rodrigo Hombre Mujer Violette (El telón se abre para dejar al descubierto un lugar que parece una bodega abandonada. Fernán sentado en un viejo diván. Entra una mujer de seda vaporosa, camina lenta, él ensimismado, un viento se escucha colándose por entre un polvoriento ventanal. La mujer se acerca a donde Fernán. Su mirada encierra la melancolía de siglos. La mujer abraza por la espalda a Fernán. Su actitud denota una ternura desbordante. La imagen se diluye. Un parpadeo. La mujer ya no esta. Xóchitl entra seguida de Violette. Violette revisa con desagrado el lugar. ) Xóchitl.- ¿Fernán? Eres tú. (Fernan se sobresalta pero demuestra indiferencia) Sabía que tarde o temprano te encontraríamos. Fernán.- ¿Para qué? Xóchitl.- Te buscaba. Fernán.- y… Xóchitl.- ¿Acaso tiene importancia para qué? Fernán.- Pues, debería de tenerla ¿O me buscabas para darme los buenos días y preguntarme como me sienta la ruina? Violette.- Deberías mostrar más cortesía. Fernán.- Perdone usted. La aristocracia de bolsillo me visita y ahora debo sacar el té y las galletas. ¿De qué hablaremos, del vecino de enfrente o del domingo siete de la hija de la vecina? Mejor aún, hablemos de los bandidos de cuello blanco. Tema de moda e importante por la cercanía de los ladrones. (Fernán mira a través de una ventana que muestra el impacto, quizás, de una piedra) Violette.- Amiga. Odio decir que te lo dije. Xóchitl.- Guárdate por un momento tus palabras, Violette. Violette.- ¿Para qué? Xóchitl.- Por favor, Violette. Violette.- ¿Para que mujer? Si el muy idiota prefiere resignarse a ser un don nadie. Míralo bien. Sucio, desaliñado… tan asqueroso, Míralo bien. Es un sirviente o peor a eso. Mira que un asalariado cualquiera podría tener más clase. Pero mira nada más. Que bajo ha caído… Xóchitl.- No digas eso Fernán.- ¿Qué tanto cuchillean? Violette.- Hablamos de lo ….. Xóchitl.- De nada importante Violette.- Veo que estas entendiendo, querida amiga. Xóchitl.- Creo que sí, Violette. Fernán.- Vaya, vaya. Ahora resulta que las damas de la alta alcurnia Tapatía han venido a ver al mono para sentirse superiores. Violette.- Ahora que lo dices… Xóchitl.- Deja de hablar en plural. Violette.- Veníamos a buscarte para… Fernán.- ¡Ah! Venían Violette.- Pensamos que podríamos hacer algo por ti. Fernán.- Te refieres a darle una limosna al pobre menesteroso. Xóchitl.- Me juzgas antes de oírme. Violette.- ¿Lo ves? Te lo dije. Ya hicimos demasiado al buscarlo en este horrible lugar. Todo lleno de polvo y telas de araña. Ay, que asco. Parece porqueriza. Fernán.- Nadie habla tan bien de lo que no conoce. Violette.- ¿Qué insinúa el señor mío? Fernán.- El aclarar no es insinuar señora. Xóchitls.- Por favor… Violette.- Entonces que… Fernán.- Quién con los cerdos se amanceba se torna porquería a cada porquería que va yantando. Violette.- Hace tiempo que no tengo esa costumbre, Fernán. Olvídate ya de eso. Fernán.- ¿no, y cómo debo llamarle a la mujer del chancho?. Violette.- No lo sé, pero se como llamarte a ti Xóchitls.- Por favor Violette.- Ya no tienes nada. Fernán.- ¿Y me lo recuerdas tú? Xóchitl.- Fernán, Violette por… Violette.- Pues, sigue en tu machito y te quedarás bastante solo. Fernán.- Nadie te detiene, es más por lo que a mí respecta ya debes de hacer camino, Violeta. Violette.- No me tutees. Ahora señor don nadie, soy la señora Violette Ferrer de Márquez. Fernán.- Claro la señora Ferrer de ratatán and cucareichún. Violette.- Dejarías de ser el petulante nieto del bandolero que vino de huida e hizo fortuna fincando las casas de otros. Fernán.- Un origen honesto. Muchos no pueden hablar de eso. Violette.- La familia de mi gordo es honrada y de abolengo. Tienen clase, posición, y prestigio… Por eso tu me pretendías, eres un arribista Fernán. Fernán.-No me digas. Xóchitl.- Eso yo no lo sabía. Violette.- Muchas cosas carecen de importancia, querida. Fernán.- ¿De cuando acá los cerdos besan a las margaritas? Violette.- Desde siempre. (Fernán ríe Violette le encrespa cara a cara) Mi familia es de abolengo y evita rozarse con la pelucera. Xóchitl.- Ya Violette capaz que si le mueves tantito resultas una advenediza. Violette.- Por supuesto uso huaraches y tengo el nombre exótico. Xóchitl.- Al menos yo lo tengo. Tú te lo inventas, Violette. Violette.- Mi familia tiene raíces muy europeas. Fernán.- No nos digas. Violette.- Sabes muy bien que las de algunas gentes son demasiado nacas.… Xóchitl.- Como tú gran común denominador. ( imitando el tono de Violette ) Amiga, mía. (cambiando el tono) Solamente unos cuantos pueden vestirse con el traje de mestizos, pero nadie puede presumir de su pureza racial. Mira que llegamos al final de un siglo e iniciamos otro y todavía nos creemos los únicos y los super selectos. Violette.- Los míos nunca llegaron de huida. Ni buscaron mezclarse con la gentuza de estos sitios. Tu en cambio ¿Quien sabe de donde vienes? De ti Fernán ya para que preguntar. Tu abuelo y sus amistades lo dicen todo. Xóchitl.- Respeta la memoria de Manolo Gallosa. Fernán.- El viejo fue un exiliado político más nunca un infeliz parásito…. Violette.- ¿Qué dices? Fernán.- Mi abuelo fue albañil, luego ingeniero, y supo hacer fortuna del oficio. Violette.- Los oficios son despreciables. Un albañil es como un obrero. Carece de títulos universitarios. ¡Qué asco! Andar sucio todo el santo día. Todo lleno de polvo. Con los zapatos manchados por la tierra. Oliendo a sudor de pobretón. Algo corriente era el tipo y he aquí las consecuencias. Xóchitl.- Espera Fernán. ¿A dónde nos llevará este inútil pleito? Fernán.- La francesita de corcholata se cree la gran cagada. Violette.- Cállate patán. Debería darte vergüenza proceder de un renegado trotamundos. Fernán.- ¿Vergüenza? Hablas de vergüenza ¿Tú? Violette.- Sí. Algo que tú no conoces. Por eso vales nada. Xóchitl.- ¡Fernán! Violette.- ¿Te pesa escucharme? ¿Qué vale el hombre; sin nombre, sin prestigio, sin fortuna? Nada. No vales nada, Fernán Gallosa. Xóchitl.- No digas eso Violette… Fernán.- Tengo la dignidad de nunca humillarme ante ustedes. Por eso valgo más. ¿Lo escuchas Violeta? Ve y dile a tu señor que la dignidad nunca se comercia. Andando curra que se puede vaciar el aire que tienes por cerebro. Violette.- Estúpido animal. Mira Xóchitl, si deseas quedarte con este tipejo. Yo babai, me retiro. Xóchitl.- Sería lo mejor. Fernán.- Tu amiga se regresa sola. Xóchitl.- Sabes como me revienta. Fernán.- Pues lo disimulas bastante bien. Xóchitl.- Ella sabía donde estabas. Fernán.- Por favor… Me conoces desde niño. Fuimos casi vecinos y no sabías donde buscarme. Suena ridículo viniendo de ti. Xóchitl.- Tal vez no deseaba encontrarte como me lo dijeron. Fernán.- ¿Cómo? Dímelo Xóchitl. Xóchitl.- No vale la pena. Fernán.- ¿Vestido de paria? ¿Querías verme vestido de traje y corbata, oliendo a loción de buena marca? Esas cosas cuestan mucho. Xóchitl.- No…. pero… Fernán.- Lo perdí casi todo ¿Como diablos querías encontrarme? ¿Celebrando con champaña? Ahora vienes a buscarme acompañada de Violette ¿Es una burla o qué? ¡Carajo! Xóchitl. Piensa un momento. Xóchitl.- Ella y Rodrigo me suge… Fernán.- Ese cabronazo de mierda. Ya tiene lo suficiente ¿Ahora que desea? Xóchitl.- Ayudarte. Fernán.- Querida, amiga. No mames. Xóchitl.- Seguramente les remuerde la conciencia. Fernán.- Ah, claro deben tener bastantes dolores de cabeza. ¿Por qué no ir más allá, de lo pendejamente abstracto? Todavía me queda algo y el terrateniente urbano tiene muchas ambiciones. Xóchitl.- Rodrigo fingió estar de acuerdo con ellos para salvar el negocio. Debía sacarte del juego para poder negociar. Fernán.- ¿También tu quieres verme la cara de imbécil o solamente repites lo de Rodrigo? ¿Cuánto ganas con todo esto? Dímelo. Quiero saber cual es tu precio. Xóchitl.- Es tan abstracto que no podrías pagarlo. Vengo en tu busca para ayudarte. Por amistad. Solamente por eso. Fernán .- ¿Y qué me gano con tener tu amistad? Xóchitl.- Teniendo mi apoyo saldremos adelante. Fernán.- Cayendo en la trampa de Rodrigo. Ya una vez sucedió. Xóchitl.- Esta vez puede ser distinto. Fernán.- Comprendo, existe una posibilidad. No quiero probabilidades. Mucho menos cuando Rodrigo las manipula a su favor. No, Xóchitl. Iniciamos juntos un negocio. Había probabilidades de salvar la finca del abuelo Gallosa por eso acepte convertirla en cantina. Una cosa llevó a la otra. Ahora no queda nada. El viento sopla y lleva el polvo del terreno por toda la ciudad ¿A dónde van los sueños del abuelo Gallosa? Quiso heredar a la urbe un monumento para la posteridad y un infeliz mediocre lo destruye. Xóchitl.- No te pongas así. También a mi me duele la pérdida del universo ideal. Fueron muchos años de convivir con el anciano Gallosa. El Gallego de la casa mudéjar. El exiliado de la revuelta civil española. El amigo de los gitanos. De los sin tierra. Hoy te comprendo Fernán. Aquí todos somos hijos del exilio. Esta ciudad de paso tiene una multitud de huéspedes permanentes. Algunos son del extranjero, otros del interior. Algunos niegan la cruz de su parroquia. Otros la quieren imponer. Como se imponen los nombres y se alteran los apellidos. Yo te comprendo Fernán… Fernán.- Como se maquillan los muros o se rompe la esencia o de plano se aniquilan los espacios… Xóchitl.- Sì, sì. Fernán.- Es la historia de siempre. Xóchitl.- Te comprendo. Pero no podemos quedarnos con las manos cruzadas. Escúchame Fernán. Comprendo tu dolor y tus razones, pero la vida la no se detiene a llorar por un difunto, llámese casa, llámese ideal o como quiera que le nombren. Entiéndelo estoy contigo. No me preguntes por qué. Muchas veces las palabras no pueden aclarar del todo tus dudas. Ni tus motivos. Vengo a tratar de ayudarte. Sin embargo me niegas la oportunidad de hacerlo. Fernán.- ¿Dime la manera? De pequeño el abuelo solía decirme que la existencia del hombre quedaba en las paredes a la espera de que las nuevas generaciones la comprendieran. Más entender una propuesta en un siglo decadente… Cómo entender que cuatro paredes son un montón de recuerdos muy difíciles de digerir. Por eso hay casas para saborearse poco a poco, con sobriedad y buen gusto. Xóchitl.- Cual los jamones selectos y el buen vino de mesa. Lo comprendo todo... Fernán.- Cuando alteramos el uso del espacio nos olvidamos de la esencialidad. Un arquitecto debe tener criterio de artista. El viejo lo tuvo. Pese a su función de ejecutor de planos. Sin embargo yo no puedo orgullecerme de mi trabajo. The mexican curious for the tourist’s camera reflex. Las chicanadas de Rodrigo iniciaron por joder el espacio. Una cantina con un slogan muy llamativo. Xóchitl.- Algo estúpido es verdad. Fernán.- Funcionó los primeros días. La novedad de la gente. Luego la calentura terminó. La deuda casi pagada se volvió impagable. Yo confié en Rodrigo y en Violette, al fin que ellos decían saber de negocios. Y negociaron los malditos. ¿Adónde se llevaron los rosetones y los muros blanqueados y el jardín amplio y la vieja cava donde los vinos adquirían mayor consistencia? Ahora sólo queda el recuerdo. Manolo es ahora una sombra. Un recuerdo: Sus deseos de perdurar quedaron solamente en eso… en esta ciudad de transitar forzado los edificios modernos se imponen y las fincas fallecen. ¿De cuantas sombras se compone el pasado? Un día eres vida y al otro recuerdo. Recordar. Llevar un hilo de eslabones. Jalar sucesos tan cercanos, tan remotos. Todos llevamos en la cara lo aparente y en el interior una historia que amenaza con perderse por falta de una constancia de su eventual existencia. Que la memoria de un pueblo depende de una figura y ya nosotros no la tenemos. Xóchitl.- Somos producto de tantas cosas, Fernán… ¡Fernán! A veces me recuerdas al abuelo. Fernán.- Soy una sombra mal hecha. Xóchitl.- No digas eso. Fernán.- Has venido a verme en el ocaso. Xóchitl.- Cállate. Fernán.- Las malformaciones nunca sobreviven y éste es mi fin. Xóchitl.- Olvida los derrotismo, juntos podremos salir adelante. Fernán.- ¿Seguir qué? Un fracaso lleva a otro. Soy una sombra, un deshecho mal realizado. Compréndelo de una vez. Xóchitl.- Algunas sombras perduran por siempre. Fernán.- Siempre es jamás. Algunas sombras caminan por las venas escleróticas pero nunca conservan su identidad. La ciudad nos engulle y nos guarda en sus redes. Algunas sombras, caminan tras de alguien, se masifican. Se pierden en la oscuridad, o, se disuelven con la plenitud de la luz. Xóchitl.- Miro tu angustia y me estremezco toda. Fernán.- Pierdes tu tiempo. Xóchitl.- Deseo ayudarte, tanto lo deseo que he venido a buscarte. Fernán.- ¿Por lástima? ¿Por hacerme un favor e invertir a largo plazo? Xóchitl.- Tonto. Fernán.- Lo fui al confiar en ese par ¿Porque repetir de nueva cuenta tal error? Xóchitl.- Prefieres la soledad de este vacío. Fernán.- No requiero de compañía. Xóchitl.- Entiendo. Fernán.- Espera. Xóchitl.- ¿Tiene caso? Fernán.- El paro no me lo trago. ¿Por qué venías con Violette? No te vayas. Todavía debes aclararme muchas cosas. Xóchitl.- ¿Aclararte? Si tu te empeñas en negarme la oportunidad de… diablos, Fernán. ¡Nunca has sabido del color de mis ojos. Pero si te tomas la libertad de etiquetarme. Me estas convirtiendo en una villana cuando mi único delito es acercarme demasiado a ti. Fernán.- Puedes asegurarme una y mil cosas ¿Cómo saber cual es la verdad? Xóchitl.- Yo nunca te engañaría… Fernán.- No me convences. Xóchitl.- Entonces carece de importancia mi presencia. Fernán.- Espera por favor… Xóchitl.- ¿Tiene caso hacerlo? Fernán.- En estos momentos necesito de alguien. Xóchitl.- Lo ves me cosíficas. A mí, a tu amiga de la infancia. Quien casi llego a ser tu hermana…. ¿Quién conocía mejor que yo los pensamientos de Gallosa? Fernán.- ¿Conociste la vida del exiliado de la casa de a lado? Xóchitl.- ¿Por qué la pregunta? Fernán.- Quisiera entenderte. Xóchitl.- Hazlo. Fernán.- Dices conocer… Xóchitl.- ¿Lo dudas? Tú venías de visita. Ibas y venías mientras yo me adentraba en el Mundo del Gallego. Respirábamos el mismo aire. Nos aterraba la soledad. El aullar de los lobos de metal y el sonido de los cuetes al reventar. La guerra deja secuelas que se transmiten de padres a hijos. Fernán.- Tú no llevas en las venas la sangre de un Gallosa. Xóchitl.- La sangre. La costumbre o el arraigo tienen la fuerza de millones de litros. Fernán.- Según recuerdo, tu familia llegó del centro. ¿Cual arraigo Xóchitl? Xóchitl.- Nadie sabe donde acabará sus días. El exiliado debe adaptarse o morir lentamente, esta ciudad nació de paso, por eso vive en conflicto. ¿Quién eres? ¿Cómo te dicen? ¿De dónde procedes? ¿Cuál es tu apellido? Hoy me cuestionas ¿Pero te has preguntado que carajos siento por ti, por mí, por toda esta amalgama indefinida? Yo pude sentir la muerte del abuelo. Pese a la distancia obligada. Mi padre nunca pudo hacerse a la idea de compartir a su hija. Siempre tuvo celos del abuelo. Fernán.- Lo dices como si fuera algo tuyo. Xóchitl.- Lo fue. Fernán.- ¿Lo querías mucho? Xóchitl.- Sí. Fernán.- Lo suponía. Xóchitl.- Tus palabras me reprochan algo. Fernán.- Para nada. Xóchitl.- Esa mirada, Fernán. Quita esa mirada, que tal parece que tienes celos de tu propio abuelo. Fernán.- Nunca los hubo ni los habrá. Xóchitl.- Papá solía mirarme de la misma manera. Los hombres son muy egoístas. No saben compartir el cariño, y siempre tienen ese miedo de perderlo por completo, así en un instante. Sabes. El abuelo si que sabía dar de sí. Fernán.- si tú lo dices. Xóchitl.- Yo solía sentarme sobre sus piernas y el abuelo hablaba pero también escuchaba. Mi padre nunca quiso escucharme… ¡Nunca tuvo la capacidad de hacerlo! Solamente pensaba en sí mismo. Esa mirada, Fernán, quieres decirme mil cosas pero no te atreves. Fernán.- todos decían abuelo le agradaba la nieta postiza. Xóchitl.- A ti nunca. Fernán.- Siempre fuiste la vecinita de la casa de a lado. La chapeteada del cabello a la cintura. La niña bonita que embelesaba a todos lo chamacos de la cuadra. Xóchitl.- ¿Cuantas veces me siguió tu mirada? Fernán.- Fue tu imaginación solo eso. Xóchitl.- ¿También aquel beso? Fernán.- Cosas que pasan. Xóchitl.- Las cuales nos unen. Fernán.- Ya lo había olvidado. Xóchitl.- Mientes. Fernán.- ¡Xóchitl! Xóchitl.- No rompas el embrujo. Fernán.- Pero… Xóchitl.- Tiemblas como en aquella ocasión. Fernán.- Hay deseo en tu mirar. Xóchitl.- Tenemos algo en común. No lo ocultes Fernán, que aunque quisieras, no lo podrás hacer. Algunas cosas quedan ocultas bajo la piel, encendidas, para estallar Incontrolablemente. Dame un abrazo. Fernán. Lo necesito tanto. Fuerte. Dame un abrazo que rompa los huesos de la ansiedad. (Se abrazan) El corazón galopa. Fernán.- Tiene miedo de sentir algo indebido. Xóchitl.- Tonterías. Fernán.- Para el viejo eras una nieta. El siempre quiso vernos como hermanos. Xóchitl.- ¿Tal vez la fonética lo engaño? Fernán.- ¿Por qué lo dices? Xóchitl.- Seguramente nos veía como humanos dispuestos a perderse entre las sábanas de lo animal. Fernán.- ¿Humanos? ¿Por eso quería dejar una constancia de su transitar… ? Xóchitl.- Shhh. Por la vida la vida que fluye por nuestras arterías. Fernán.- El quería… Xóchitl.- No hables. Hoy tenemos un momento que amenaza con dejarnos. (Van hacia lo que parece un viejo sofá cubierto con guardapolvos. Entre caricias y besos el cenital se diluye para enseguida mostrar la imagen de Fernán en posición reflexiva) Fernán.- Si estuvieras aquí. Seguramente verías con malos ojos lo ocurrido. (Xóchitl duerme, Fernán le acaricia los cabellos. Fernán en un dialogo interior mientras juega con el cabello de Xóchitl; que ya ha despertado pero fije que no) Los ojos de Xóchitl son dos ventanas de ilusiones. Ellos pueden ver las cosas desde otra perspectiva, el fracaso es mi destino. Un destino oscuro. Un don nadie más. Demasiadas muertes pesan sobre mí. La muerte inesperada de Manolo Gallosa, la dolorosa agonía de mi padre, la hipoteca para salvarlo, la pérdida de un espacio arquitectónico. Soy uno más que se conforma con el cambio arbitrario Soy uno más que ha dejado todo al destino y el destino se lo ha tragado en esta ciudad que ha crecido por el lucro desmedido de la tierra. Yo pude hacer algo para salvar la memoria pero ahora... Xóchitl.- ¿Sucede algo malo, amor? Fernán.- La mediocridad. Solamente eso. Aquí nada pasa. Solamente se estacionan las sombras en la nave principal. Xóchitl.- Tiene muchos años sirviendo de bodega. Es natural cuando hay un estancamiento de las cosas. Fernán.- Al menos ofrece resguardo. El consuelo de todos. (Xóchitl mira su reloj) Xóchitl.- ¡Caray! Tengo un asunto pendiente de arreglar. Fernán.- ¿Me acompañas o te quedas un rato aquí? Fernán.- …. Xóchitl.- Nos vemos al rato en mi casa. (le entrega una llave) Tómala. Traje un duplicado para ti. Acéptalo. Solo unos días, y después podrás irte, sí lo deseas con el alma. No lo pienses tanto, una casa grande resulta muy sofocante para mí sola. Fernán.- Yo no quisiera… Xóchitl.- Nada, nos vemos al rato. Chao. (Sale. Fernán la mira irse sopesa la situación. Luego deja caer las llaves se sirve un trago. Lo bebe lentamente. Entra Violette.) Violette.- Eres un descuidado, dejas abierta la puerta. Fernán.- ¿Qué haces aquí? Violette.- Venía a buscar a Xóchitl. Fernán.- ¿Para qué? Violette.- Es un asunto particular. Me urge localizarla. Fernán.- No alcanzó a llegar a la cita. Violette.- ¿Cita? ¿Cual cita? Dime dónde, por favor, te lo suplico, necesito dar con ella. Fernán.- Para hablar de negocios Yo soy la mercancía ¿Ahora por cuanto me van a vender? Violette.- Es un asunto entre mujeres. Fernán.- ¿La compra - venta de ganado? Violette.- Di lo que quieras. Han sucedido cosas que me tienen en un hilo, Rodrigo… Fernán.- No me importa lo que le ocurra a tu marido. Si va o viene no es mi asunto. Violette.- ¿Entonces sabes donde se encuentra? Dímelo. Anoche llegue a la casa y no lo pude encontrar. Fernán.- ¿Y? Esperabas tenerlo siempre a tu lado, eres el papanatismo andando. Violette.- Tú nos odias y quisieras vernos separados. Fernán.- Te equivocas. Me gustaría verlos juntos desgarrándose entre ustedes. Tengo muchas razones para ello. Violette.- Sabes que no soportaría vivir sin él. Fernán.- Mierdas, los dos valen lo mismo. Tal para cual. Violette.- Eres un soberano estúpido. Fernán.- Mira Violette. Aquí nunca serás bienvenida. Así que deja de buscarme y evitarás con ello mis estupideces. Hazlo tan siquiera por decencia. Violette.- Vengo a buscar a Rodrigo. Fernán.- ¿Piensas encontrarlo junto con Xóchitl? ¿Acaso la cita era con ese desgraciado? Yo tenía razón en desconfiar de ella. Imbécil. Que tonto he sido. Ahora lo tengo bien claro, ustedes son un trío de bestias carroñeras dispuestas a devorarlo todo. Pues se equivocaron conmigo… (Violette se congela. Entra Xóchitl.) Xóchitl.- Esa puerta no ofrece garantías. Yo pude entrar muy fácilmente. Fernán.- Así está bien. Sólo un idiota vendría con intenciones de robarse los trebejos. Xóchitl.- Tienes razón. Pero no dejas de preocuparme. Pase una noche de angustias y zozobras Fernán.- ¿Te lo creo? Xóchitl.- Nunca llegaste. Fernán.- Te lo dije yo no quiero limosnas, mucho menos viniendo de alguien como tú. Xóchitl.- A dónde quieres llegar. Fernán.- A decirte tus verdades. Xóchitl.- No lo entiendo. Fernán.- Me das asco. Xóchitl.- ¿Lo dices en serio? Fernán.- Todavía lo dudas. Xóchitl.- Creo no merecer ese desprecio Fernán.- ¿Te alcanzó el tiempo para tu amigo Rodrigo? Xóchitl.- ¿Qué insinúas? Fernán.- Ahora finge demencia. Violette vino a buscar a Rodrigo. Xóchitl.- ¿Rodrigo aquí? No lo entiendo. Fernán.- Pero yo sí. Ustedes han confabulado en mi contra. No lo niegues. Este lugar vale por la zona, Rodrigo lo sabe y tú… Xóchitl.- Son tus fantasmas amor , solo eso. Fernán.- Ramera. Xóchitl.- Eres un bruto (Lo cachetea. Se congelan.) Violette.- ¿Dónde te encuentras desgraciado? Alguien te vio tomar el vuelo, alguien te acompañaba del brazo. La historia vuelve a repetirse. Todos los hombres son iguales. Buscan migajas cuando tienen en la mesa un buen banquete. Rodrigo se fue con una naca. Se atrevió a dejarme sola. Una mujer educada para ser la perfecta esposa de alguien nunca debería quedarse sola. Lo necesito tanto, sin él no puedo ser alguien de respeto ¿De qué sirvieron mis empeños por agradarle en todo? Una mujer sola. Sin un hombre a su lado… se fue como mi padre al llamado de una hiena. Todavía puedo verlo revolcándose con ella en el piso aceitoso de la fábrica. Yo no quise ver eso. Ella jadeaba mientras los hilos tejían el capullo. Nadie vio nada, nadie dijo nada. Cuando el gato de confianza se divierte los ratones callan. Callen esas maquinas. Ya no soporto el chirrido del metal confundiéndose con lo gemidos de la perra. Rodrigo se fue con el dinero, la joyas y los vestidos, mi padre con la nómina del mes. Se fueron ambos dejándome sin nada. Yo no puedo acostumbrarme a la miseria, debo mover cielo y tierra para obligarlo a regresar conmigo. Eso es… (Sale) Xóchitl.- No puedes tener una rosa para llenarla de mierda, Fernán. Fernán.- Lárgate y no vuelvas a buscarme. Xóchitl.- Todo lo hubiera perdonado, pero esto nunca. Mis llaves. Dámelas y olvida que alguna vez tuvimos algo... Fernán.- Tómalas del piso. Xóchitl.- Mejor las dejo. Voy cambiar la cerradura. (Sale) Fernán.- Ahora te vas a sentir la víctima. Desgraciados. No quiero volver a verlos nunca (grita) Lo escuchas Xóchitl. Nunca. (se derrumba) Violette.- A ti te andaba buscando. Xóchitl.- Ya lo creo. Después de haber armado un pancho, me encuentras. ¿A dónde querías llegar con todo esto? Violette.- A ningún lado. Rodrigo se fue sin decirme adonde. No supe a quien acudir. Mi hombre me abandonó sin darle motivo. Xóchitl.- ¿Por eso le llenaste la cabeza de humo al mío? Violette.- No quise hacerlo Xóchitl. Tú me debías un favor, te ayude a localizarlo… Xóchitl.- Eso fue una locura. Ahora solo queda continuar sin ellos. Violette.- A dónde vas. Xóchitl.- Mi casa esta sola. Violette.- Ayúdame a buscarlo. El se fue con todo pero si lo encuentro lo convenceré de su error. Xóchitl.- Estás loca. Ten un gramo de dignidad. Sí te falta dinero trabaja y vive por tus propios medios Por una vez en tu vida no lo busques. Sí él no desea tu compañía, pues que carajos, la vida no se detiene a llorar por un difunto. Violette.- Yo lo he dado todo por él. No es de justicia su abandono. Xóchitl.- Me pregunto ¿Qué será lo justo? Fernán en la miseria por ustedes, y, yo sin él. Mas el mundo continúa en un eterno movimiento. La ciudades crecen, las modas y los usos cambian por igual. Las casas del ayer no son las misma del ahora. ¿Y qué importancia tiene el lugar, el nombre y el prestigio? Sí el que lleva el apellido, el que habita la casa, el que habla de linajes ya no es el mismo de hace semanas, años o siglos. El nombre del ayer tenía la fuerza suficiente para cambiar todo su entorno, era un luchador implacable, el de ahora es un cobarde que no sabe cuidar lo que la vida le ofrece. Lástima por él. Yo continuo sola, pero sin la carga ajena. Mejor así, Violette. Quedarse sola y no llevar a cuestas un escuincle berrinchudo. Violette.- ¿De verdad lo crees así? Un niño es mejor a nada. Xóchitl.- Entonces te lo regalo. Violette.- ¡Xóchitl! Ayúdame a recuperarlo. Sí lo haces pudiera darle a Fernán lo perdido. Todo es cuestión de negociar. (Fernán entra en estado de embriaguez) Fernán.- Sin su tierra, sin su mujer ¿Qué hace un hombre sin las caderas de su mujer? No. Me niego a pensar en ella. Todo fue un sueño. Nunca hubo casa mudéjar. La Ciudad nació con edificaciones hacia el cielo. Con elevadores y paredes de cristal, o tabla roca. Todo fue prefabricado, los adobes con la tierra del lugar jamás existieron. Los emigrantes tampoco existieron. (Una mujer entra) Yo no estoy vivo y Xóchitl nunca existió. Mujer.- Ahora la embriaguez te obliga a desconocer las ruinas de la ciudad que se niega a sí misma. La misma brutalidad te lleva a perder al amor de tu infancia. Fernán.- También me lleva a tener muchas visiones. Mujer.- Xóchitl tenía razón en algo. Hay muchas cosas estancadas y tú no deseas realizar un inventario. Fernán.- ¿Tu quién eres? Hablas como mercader. Mujer.- Nací de paso y el comercio fue mi fuerte. Fernán.- Seguramente ellos te mandaron a convencerme de sus buenas intenciones. Mujer.- Te equivocas Fernán, Je suis la femme ville. A túa terra. Yo soy el sueño edificado por Nuño de Guzmán. Yo soy el canto ahogado del borracho que deambula por la calzada, Je suis la rue transitée qui jamais se embrassé, qui a été toujours foulée, qui s'est toujours ignoré. A tua terra. Je suis le monde qui a perdu la vie. Yo soy la francesa, la gallega, la fundada en un llano, Yo soy la gran señora en ruinas, la que documentó Camaraus antes de su primer caida. Soy aquella… la mutilada, la de mil fachadas, la de venas abiertas, soy la mujer que hace tiempo defendías pero hoy la ignoras por cobardía. Fernán.- Estas más loca que una cabra. No puedes ser ella. Los muros no hablan. Mujer.- ¿Por qué no, Fernán? Fernán.- Por qué no ¿Acaso tienen voz para ello? Mujer.- La tengo pero solo unos cuantos han tenido la vocación de entenderme. De volverme parte medular de su memoria. Solamente algunos pocos han osado comprenderme. El resto me nombra sin conocerme. Así es la gente de estos sitios… (Sale) Fernán.- ¿Piensas dejarme solo? Aquí las ratas surgen de las venas escleróticas y te miran con intenciones malsanas, vieja ciudad, no puedes dejarme solo, porqué estoy en tu vientre lleno de ratas. Y lo sabes. Eso es. Por eso voy a terminar con todas mientras los gatos montan hembras para conservar su hegemonía y se niegan a luchar por ti. (Toma de un frasco) Eso es. Vengan las ratas a cebarse con una bomba de arsénico. Muerdan la carne que aquí dicho platillo es un manjar. (Se escucha el chillar de las ratas, la luz va al oscuro. Se escucha el maullar de los gatos, luego el ritmo colectivo de la ciudad. Entran dos hombres con planos) hombre.- Lo encontraron aquí. Rodrigo.- Tenía futuro, lástima, lástima. Hombre.- Pinche loco. Rodrigo.- Yo le propuse alternativas muy redituables. A lot of money, money. You Know? Hombre.- Mejor así. Con unos cuantos pesos lo arreglamos. Rodrigo.-Salió regalado. Pagar las deudas de un sepelio de segunda, luego solicitar el predio, nadie se opuso a ello, yo tenía unas firmas de reserva para un caso como ese. Hombre.- ¿Y tu mujer? Rodrigo.- Ya sabes, le convenía perdonarme. Hombre.- ¿perdonarte por qué? Rodrigo.- Ya sabes, las mujeres y sus sentimentalismos. Hombre.- ¿Y la familia? Rodrigo.-Feliz y contenta. Ya tenemos casa con piscina. Hombre.- ¿Y la flor autóctona? Rodrigo.- ¿Qué tiene? Hombre.- Muchísimas cosas. Rodrigo.- Esa se olvidó de los hombres, pero nunca del idiota de Fernán. Hombre.- Hijos mano con su lana y con esas cositas tan atrayentes. Rodrigo.- Así es. Hombre.- Pues mañana comenzamos el nuevo proyecto. Rodrigo.- Te invito un trago a la salud de la felicidad de los muertos intoxicados. Hombre.- Ese es un chiste demasiado local. Pase usted caballero. Rodrigo.- Usted primero. Hombre.- De ninguna manguera (Salen. La mujer entra triste, mira el lugar, le escurre el llanto. Se escucha el sonido de maquinaria pesada. La mujer canta una vieja aria o una interjección operìstica El telón se cierra lentamente.)